Crónica de una muerte anunciada

Finalmente ha ocurrido. La televisión analógica ha muerto. Estábamos advertidos. O quizá no tanto. Pero al igual que en la novela de Gabriel García Márquez “Crónica de una muerte anunciada”, obra recomendable donde las haya, los hermanos Vicario acaban por dar muerte a Santiago Nasar, la TDT, rodeada de toda su pompa, planes técnicos y de transición incluidos, ha acabado con las emisiones de televisión analógica en España. Toca ahora decir adiós a las modulaciones de Banda Lateral Vestigial, de las que el sistema de televisión analógica era paradigmático. También hay que decir adiós a laboriosas y complejas técnicas de imbricación de crominancia, prodigio de la ingeniería de señal de los años 60. Atrás quedan también las transmisiones con sonido NICAM, que tantos dolores de cabeza dieron a muchos de los técnicos que hubieron de encargarse de su puesta en marcha (aquí, sólo Canal Sur se atrevió con el monstruo). Y así podríamos seguir citando un sinfín de tecnologías que quedan huérfanas a partir de ahora, carne de museo de años venideros.

Retomando el título de la entrada, al igual que en “Cronica…” los hechos, consumados, admiten una perspectiva múltiple, según quien los interprete. Mientras que el Ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, se ha mostrado satisfecho con la marcha del ‘apagón’ analógico, que, a su juicio, “está yendo razonablemente bien”, y ha asegurado que la transición a la televisión digital se va a traducir en “una mejora de la renta nacional y del empleo en España“, hay algunos que no lo tienen tan claro: unos se  preguntan ¿Dónde está la bolita?, otros, los “apagados del todo”, agraciados con una zona de sombra en el reparto de señal, se indignan pues, a diferencia de los del anuncio, siguen apagados después de adquirir y conectar sus decodificadores. Y no falta quien proteste por el trato otorgado a las televisiones locales. Claro está, la política también tiene que ver en todo esto.

Sea cual sea la situación real, aprovecho para saludar a todos los colegas que hayan estado trabajando a marchas forzadas durante esta Semana Santa pasada, y me quedo con un titular con el que algún periódico cuyo nombre olvidé resumía, después de la odisea de 1992, la actuación global: “La improvisación española funcionó como un reloj”.

Hay 2 comentarios publicados

  1.  
    Manuel Aguirre
    Publicado el 12 Abril 2010 a las 13:55 | Permalink

    Lo que es triste es que, fruto de esa “improvisación española”, se haya trabajado a marchas forzadas durante la Semana Santa para que todo estuviera listo después de varios años de preaviso. Por contar alguna anécdota, al mismo tiempo que se apagaban los repetidores en Sevilla se estaban todavía montando algunas antenas para dar cobertura a algunos pueblos, y no precisamente pequeños.

  2.  
    Publicado el 7 Abril 2010 a las 22:15 | Permalink

    Por aquí por Alemania la improvisación española es muy preciada ¡Ni te imaginas la admiración que despierta!

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